Revistero: Entrevista a Raúl Vega, Creador del famoso Wincofon


Durante su época dorada, Winco, la famosa fábrica del tocadiscos, también produjo grabadores, motosierras, motores y máquinas para la industria automotriz, como las fresadoras con las que se repasaban los motores de los Torino. A treinta años del cierre, Vega contó su historia a PERFIL.


Todo arrancó en 1954. Vega era un apasionado por las máquinas. Si bien había conocido el éxito en el mundo de la licuadora, el producto que le cambiaría la vida fue el tocadiscos, y junto con un profesor de la escuela secundaria, Dante Polano, dio el primer paso para lo que sería la fábrica de productos electromecánicos más grande en América latina. Su nombre: Winco. La dirección: Mitre 928, Ramos Mejía, donde con su ex docente tenía una fábrica de licuadoras.

“Tenía el afán de fabricar algo nuevo, pero la idea salió cuando se me rompió un combinado Odeón que tenía y descubrí que era una cosa muy simple. Entonces, copiamos un tocadiscos marca VM y empezamos. Más que un industrial, yo era un especialista en copiar cosas buenas”, asegura Vega.

—¿Y cómo fueron los comienzos de Winco?

—Veníamos fabricando cosas antes de Winco. Cuando terminé el colegio, puse la fábrica de licuadoras IME pero la dejé por diferencias con uno de los socios. Entonces, con Polano vendimos nuestra parte y compramos un galponcito de apenas 1.500 metros cuadrados. Estaba a dos cuadras de la fábrica de máquinas de escribir Olivetti.

—¿Y qué hizo luego?

—Al poco tiempo, compramos una quinta de verduras en Ciudadela. En ese momento no tenía plata y le pedí prestado a mi padre, al dueño de la estancia donde trabajaba mi padre y al dueño de la fábrica de ventiladores Bellomo. Ahí levantamos una planta de casi 10 mil metros cuadrados para la fabricación de tocadiscos, generadores, motosierras y máquinas herramientas. Llegamos a fabricar la matricería para mecanizar el motor del Torino.

—¿Cuánto costaba un tocadiscos?

—No me acuerdo, pero lo importante era que un obrero pudiese comprarlo.

Después del rotundo éxito, los problemas comenzaron a golpear la puerta de la fábrica. Para 1970, cada argentino tenía su tocadiscos, y para continuar con vida, la empresa tomó préstamos bancarios para meterse en el mundo de las exportaciones. Entró en casi toda América latina y realizó ventas en los Estados Unidos, aunque con otro nombre, pero lo hizo a cambio de un altísimo costo. La inestabilidad política de comienzos de esa década y la alta inflación ayudaron a que los préstamos no fueran devueltos al Banco Nacional de Desarrollo (Banade) que tomó el control
de Winco.

En 1975, Vega dejó la empresa, cansado de no ser consultado en la toma de decisiones, según se relató.
Actualmente, este industrial pasa parte del tiempo en su casa y hasta hace poco trabajaba en el desarrollo de una máquina para extraer maleza de la soja. Sin embargo, asegura, el glifosato echó por tierra sus ideas. Fanático del tango, prefiere escucharlo en CDs por que asegura que los MP3 “no se escuchan bien”.

Wincofon modelo E 2050 ( CIRCA 1969)



De técnicos a restauradores

Horacio Atadía tiene 63 años. Comenzó a trabajar en Winco en 1969 y desde el cese de actividades de la empresa, se dedicó a la restauración de equipos usados. “Nosotros hacemos una reparación total, con componentes originales”, asegura.
“Las reparaciones tienen su precio, pero damos 60 días de garantía desde que la fábrica cerró”, agrega Atadía.

Por aquellos años, Horacio trabajaba de 6 de la mañana a 3 de la tarde, y si quería, podía hacer horas extras. “Siempre hacía falta más y más gente. Prácticamente vivíamos en la empresa”, recuerda cuando le preguntan cómo era el mejor momento de la compañía, que transcurrió alrededor de 1969. 
Luego del cierre, se dedicó al arreglo de tocadiscos, bandejas y amplificadores antiguos en su local de Almagro, apenas a unos veinte metros de donde estaba el service oficial de la firma Winco donde comenzó como peón en la línea de montaje.

Nota extrída de: www.diarioperfil.com.ar

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